
Tengo que ser sincero. Te amo pero eres una puta de mierda. Te conozco; no sé por qué me permito sentir esto por ti. Me siento patético por no haberte podido sacar de mi sistema a pesar de los años. No creas que esto es un amor puro y diáfano. No. Te aseguro que no. Te odio. Te he imaginado en un hospital, entubada por todos lados pidiendo piedad; te he visto embarazada cortesía del último tipo que te culeó en la disco, abandonada y desorientada; te he imaginado con el examen positivo de sida en la mano, arrepintiéndote de lo camboyana que fuiste desde que tu primer pololo te descartuchó y te diste cuenta que no podías ser de un solo hombre, que tenías que salir a guerrear todas las noches y degustar tantos penes como fuera posible, porque tus amigas, más putas aún que tú, te convencieron que de eso se trataba la juventud, de pasarlo bien culeando y tomando. Nunca te importó que una de ellas se haya hecho tantos abortos que podría abrir una guardería de fetos. Esos son detalles, pelos de la cola. El objetivo principal era salir a buscar al príncipe azul a como diera lugar, un tipo canchero con la billetera rebosante de lucas. Un tipo que no escatime en gastos a la hora de llevarte a un buen restaurante y comprarte lindos regalos, lo que después de todo es una módica suma a cambio de tu cálida concha.
¿Lo ves? No hay diferencia entre tú y una puta. A estas alturas debes tener más historias que una ninfómana de puerto. No debe quedarte agujero por el cual no hayas experimentado. Ni tus orejas debes haber respetado... ¿Cómo pretendes que un hombre te tome en serio después de todo esto? Si supieras cuánto quisiera que termines casándote con el pololo que dejaste botado para salir a vivir la vida loca, ese huevón sin dignidad que, aún enterado de las decenas de tipos que han gozado con tu entrepierna, sigue aguardando a que recapacites y retornes a la senda de las buenas costumbres. Y lo más probable es que así lo hagas. Así son las de tu tipo: luego de un tiempo se cansan de su vida disipada y pretenden darle una estructura definitiva, más estable y calmada. Es ahí cuando comienzan a buscar marido. Ya no sólo debe ser un tipo con plata, también debe ser un imbécil. Tan imbécil que crea haber encontrado una beldad casta y pura. Porque a las putas como tú no les conviene develar su pasado.
Pero él conoce todas tus travesuras. Piensa en ellas tal como pienso yo. Bueno, ahí es donde me doy cuenta que en realidad no te amo. Yo te imagino encarnada en una actriz porno, echada en una cama totalmente desnuda siendo espolonada por veinte tipos ávidos, como si fueran perros tras la perra en celo... Bueno, decía que él sabe con quién está tratando. Ahora lo aguanta con estoicismo y sólo sueña con que vuelvas a sus brazos. Si para ese tiempo tu clítoris aún no ha desaparecido por el desgaste, cuanto mejor. Después se casarán, tendrán hijos y el encanto se irá diluyendo, debido a tus kilos demás y sus problemas prostáticos; comenzarán a faltarse el respeto tal como lo hacían cuando novios y él empezará a vomitar toda su bilis sobre tu dignidad, todo aquello que tenía guardado y no dijo por miedo a perder la presa... tal vez lo haga antes de los hijos y los kilos demás, lo cual derivaría en una prematura separación. Ese sería un final patético. Lo sentiría por él, créeme, pero no por ti. Después de todo, él sólo es un huevón enamorado, tal como yo.
Por eso no voy a verte hace tanto tiempo. Porque te amo y te odio, porque no soporto ver tu cara de mosquita muerta fingiendo ser aún una niñita inocente, como si no supieras que sólo me basta con llamar por teléfono a tu mamá –la cual me ama- para enterarme de tus asuntos. He maquinado miles de formas de vengarme. No creas que no sé que has pensado en mí como un marido ejemplar, que le has dicho a tu mamá que yo sería el esposo perfecto. Como si yo fuera capaz de casarme con una como tú. Lo echaste todo a perder. No sabes lo especial que eras para mí. No sabes que te tenía en un altar, como a la niña más linda y especial que jamás había conocido. Le di gracias a Dios porque te puso en mi camino. Y desde es tiempo a esta parte vi cómo te fuiste transformando en otra persona... por eso no soporto mirarte a los ojos y preguntarte por el último libro que leíste, como si en realidad nada importara mucho, como si no me pesara cada día que no te veo, como si no me doliera que los demás se refieran a ti como “la puta”. A veces me pregunto si hiciste todo eso por vengarte de alguien, o si alguna vez me odiaste porque nunca te dije que te amaba. Pero ya no voy a retroceder, ¿entiendes? No vales la pena. No voy a seguir haciéndome las mismas preguntas una y otra vez porque el asunto a que se refieren tales preguntas no debería importarme más. No voy a tratar de armar esa carta desecha por el tiempo, donde me dices cuánto deseas confundirme para que siga abrigando esperanzas. Me hiciste lo peor que me pudiste haber hecho. Hiciste desaparecer a la persona que amaba y convertiste mi futuro en una quimera absurda, me dejaste solo, imaginando mi vida al lado de una persona que no existe más.
Después de todo me lo había propuesto, y creo que lo estoy logrando. Sólo que a veces es inevitable mirar hacia atrás y preguntarse si estaré haciendo bien o seguiré tirando los días al tacho de la basura. Pero estaré bien, muy bien... ahí radica mi venganza.